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Reseña de La muerte del comendador, de Haruki Murakami

La muerte del comendador es una de las novelas más extensas y ambiciosas de Haruki Murakami, pero también una de las más divisivas entre sus lectores. En esta reseña analizo por qué, a pesar de tratarse de una obra firmada por uno de los grandes referentes de la literatura japonesa contemporánea, la novela no termina de funcionar ni de justificar el esfuerzo que exige al lector.

Murakami: un autor excepcional… incluso cuando falla

Soy un gran lector y admirador de Haruki Murakami. Considero que es un escritor excepcional y, en mi caso, fue el autor que me abrió las puertas al vasto mundo de la literatura asiática. Precisamente por eso, La muerte del comendador resulta tan frustrante: no porque sea una mala novela, sino porque no está a la altura de las mejores obras del autor japonés.

Murakami vuelve aquí a muchos de sus temas habituales: la soledad, el aislamiento, el arte como forma de introspección, los mundos paralelos y ese espacio ambiguo entre lo real y lo fantástico. Elementos que, en otras novelas, funcionan con gran fuerza narrativa, pero que en este caso se sienten excesivamente reiterativos.

¿De qué va La muerte del comendador?

La historia sigue a un pintor de retratos que, tras el fin de su matrimonio, decide retirarse a una casa aislada en las montañas. Allí, en un entorno silencioso y aparentemente tranquilo, comienza una etapa de introspección que pronto se verá alterada por una serie de acontecimientos extraños y simbólicos.

A partir de este punto, Murakami despliega una narración lenta y reflexiva, cargada de referencias artísticas, silencios, sueños y elementos surrealistas. El planteamiento es sugerente y promete una exploración profunda del arte, la identidad y la frontera entre lo visible y lo invisible. Sin embargo, esa promesa nunca termina de cumplirse del todo.

Una novela excesivamente lenta y reiterativa

Uno de los principales problemas de La muerte del comendador es su ritmo. La novela avanza con extrema lentitud, deteniéndose una y otra vez en reflexiones y descripciones que giran constantemente sobre las mismas ideas. Esta reiteración provoca la sensación de estar leyendo una historia que no progresa, sino que se mantiene atrapada en un bucle narrativo.

La intriga se plantea, se insinúa y se estira durante cientos de páginas, pero rara vez conduce a algo concreto. El lector espera una revelación, un giro o una recompensa narrativa que justifique la acumulación de símbolos y enigmas, pero esta nunca llega de forma satisfactoria.

El problema del simbolismo vacío

El componente fantástico, tan característico de Murakami, aquí se sitúa en un limbo narrativo que no aporta una lectura más profunda ni un significado claro. El simbolismo parece estar presente por inercia, como una repetición de fórmulas ya exploradas en otras novelas del autor, pero sin la fuerza ni la emoción de sus mejores obras.

Da la impresión de que la novela se recrea en sonar profunda y trascendental, pero sin ofrecer algo realmente novedoso o revelador. El resultado es una lectura que exige paciencia y compromiso, pero que ofrece muy poco a cambio.

¿Merece la pena leer La muerte del comendador?

No considero que La muerte del comendador sea un mal libro, pero sí una obra menor dentro de la bibliografía de Haruki Murakami. Es una novela que exige mucho tiempo y atención, pero que no ofrece una recompensa proporcional al esfuerzo del lector.

Puede resultar interesante para lectores muy fieles al autor o para quienes deseen explorar todas las facetas de su obra. Para el resto, existen novelas mucho más representativas del talento narrativo de Murakami y mejores puertas de entrada a la literatura japonesa contemporánea.

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