Una novela incómoda sobre el cuerpo, la libertad y la violencia silenciosa
La vegetariana, publicada originalmente en 2007, es una de las obras más conocidas de la escritora surcoreana Han Kang y una pieza fundamental de la literatura asiática contemporánea. Aunque recibió importantes reconocimientos como el Man Booker International Prize en 2016, su popularidad se amplificó tras la concesión del Premio Nobel de Literatura a la autora en 2024. Sin embargo, reducir el interés de esta novela a los premios sería injusto: estamos ante un texto perturbador, poético y profundamente simbólico que explora la soledad, la disidencia y la fragilidad del cuerpo en la sociedad moderna.
Esta reseña de La vegetariana, de Han Kang, se acerca a la obra desde una lectura personal y crítica, atendiendo tanto a su estructura narrativa como a los temas que atraviesan el texto.
Tres miradas para contar una ausencia
La novela está compuesta por tres relatos interconectados: La vegetariana, La mancha mongólica y Los árboles en llamas. Aunque pueden leerse como textos independientes, funcionan como los tres actos de una misma historia. Cada uno está narrado desde el punto de vista de una persona cercana a Yeonghye: su marido, su cuñado y su hermana. Resulta significativo que Yeonghye, la protagonista absoluta del relato, apenas tenga voz propia. Su historia se construye a partir de las miradas ajenas, lo que refuerza su aislamiento y convierte al lector en testigo —y casi cómplice— de su silenciamiento.
Todo comienza cuando Yeonghye decide dejar de comer carne tras una serie de sueños violentos y perturbadores. Este gesto, aparentemente trivial, es percibido por su entorno como una amenaza al orden establecido. A partir de ahí, su cuerpo se convierte en un campo de batalla donde se proyectan el control familiar, la violencia doméstica, el deseo y la incomprensión.
Metamorfosis, arte y ruptura
Uno de los aspectos más fascinantes de La vegetariana es la forma en que Han Kang aborda la transformación. Yeonghye no experimenta un cambio brusco, sino una metamorfosis lenta y dolorosa que la aleja progresivamente de la norma. Su decisión de ser vegetariana no es una cuestión ética ni alimentaria, sino el primer acto verdaderamente libre de su vida. A través de él, inicia un proceso de desapego radical del mundo que la rodea.
Frente a esta transformación, los personajes secundarios también se encuentran en movimiento. El cuñado de Yeonghye, un artista frustrado, ve en ella la posibilidad de romper con un arte cómodo y seguro para adentrarse en lo experimental y lo prohibido. Su obsesión artística y erótica añade una capa inquietante al relato y plantea preguntas sobre los límites entre el deseo, la creación y la instrumentalización del cuerpo ajeno.
La hermana, por su parte, representa una forma distinta de resistencia: la de quien intenta sostener el orden mientras todo se desmorona. Su mirada es quizá la más empática, pero también la más desgarradora, pues encarna la culpa, la responsabilidad y el agotamiento emocional.
Una lectura que deja huella
Mi acercamiento a Han Kang se produjo tras mucho tiempo de recomendaciones y expectativas, incluso antes de la concesión del Nobel. Leer La vegetariana ha sido una experiencia profundamente impactante. Es una novela breve, de poco más de 150 páginas, pero su densidad simbólica es tal que resulta imposible abarcarla en una sola lectura. Al terminarla, queda una sensación de vacío difícil de explicar, como si solo hubiéramos logrado rascar las capas más superficiales de su compleja arquitectura narrativa.
Han Kang escribe con una prosa contenida, casi quirúrgica, que intensifica la violencia emocional del texto. No hay grandes explosiones narrativas, sino una acumulación de silencios, gestos mínimos y decisiones incomprensibles que conducen inexorablemente al colapso.
Soledad y disidencia en la sociedad contemporánea
Más allá de su argumento, La vegetariana es una novela sobre la soledad de la vida moderna y sobre el castigo social que recae sobre quienes se apartan de la norma. A través de Yeonghye, Han Kang cuestiona las estructuras familiares, el patriarcado, la medicalización de la diferencia y la imposibilidad de escapar del control sobre el cuerpo femenino.
Esta reseña de La vegetariana, de Han Kang, concluye con la convicción de que nos encontramos ante una obra incómoda pero necesaria, que no busca agradar ni ofrecer respuestas claras. Es una novela que exige una lectura atenta y emocionalmente abierta, y que confirma a Han Kang como una de las voces más singulares y perturbadoras de la literatura contemporánea.



